sábado, 31 de julio de 2010

Por qué, para qué....

Tener una casa donde vivir a gusto, con todo lo material que esto implica, es fundamental para mí. Viví cinco meses en mi primer apartamento; arreglando, escogiendo, comprando, siendo absolutamente libre - bueno todos sabemos que "absolutamente" es imposible - pero con varias opciones al fin y al cabo. Disfruto la soledad de la independencia porque nadie escoge por mí, ni opina sin sentido, ni sale con frases como "¿qué vas a hacer hoy?, porque simplemente hay días como el domingo que uno tiene derecho a no planear ni cronometrar cada actividad o pensamiento.

Ayer me fui de lo que fue mi casa por un buen tiempo, con la esperanza de encontrar otra que supla la mayoría de mis necesidades, con miedo, pero con una sensación de que al final todos los cambios iban a ser para mejorar. ¿Por qué cambios? ¿Para qué? ¿Qué hago con ellos?
Hay cosas que pasan sin ninguna explicación, y después de un tiempo nos damos cuenta que todo estaba conectado y algo no hubiera sido posible sin otra cosa que sucedió antes. Por eso me pregunto a qué me llevará cada cosa que hago o cada persona nueva que conozco. Por qué llegué a trabajar a donde estoy ahora y trabajo con los que trabajo, qué vinieron ellos a hacer a mi vida o yo a la de ellos. Yo no sería la misma sin haber vivido todo lo que me ha pasado. Con sólo modificar una pequeña cosa, como haber entrado a otra universidad, todo sería diferente...

Agradezco a cada persona que se ha colado en mi vida para cumplir alguna misión, así sea sonreirme en la puerta de un café.

Insisto en que debe haber una razón para todo. Hoy estoy atenta a las señales.

miércoles, 28 de julio de 2010

Un año más tarde

Hoy, miércoles 28 de julio de 2010, casi un año más tarde, retomo este blog. Este es el tercero comenzado y olvidado desde el 2006 que empecé con esto cuando estaba en la Universidad. Este tiene pocos posts, muy malos, producto de un trabajo repetitivo y algunas veces aburrido, y de vivir en una ciudad donde no pasaba nada.

Ahora llevo casi siete meses en esta ciudad, mil veces más masificada, enrevezada, acelerada. La amo y la odio. La dejo y me devuelvo. Robando un pedazo de una frase a Gabo, somos un mal matrimonio, porque ahora no puedo vivir con ella, ni sin ella. A pesar del caos, del tráfico, de la lluvia insesante, hay días que los cerros se despejan y salen rayos de sol que iluminan las copas de los árboles. Ahí es cuando yo caigo rendida a sus pies y me enamoro de nuevo; me pierdo caminando entre las calles de Chapinero, entrando a todos los diminutos cafecitos que encuentro, a las tiendas que venden ropa vintage y libros viejos e inventando una historia para cada persona que pasa o se cruza conmigo.
Reconozco que cuando camino, hablo sola, canto y hasta a veces creo que estoy en un musical de Broadway y que en cualquier momento algo inesperado va a pasar. Son las consecuencias de escuchar a Louis Armstrong o a Frank Sinatra una tarde capitalina, pintada con la luz de las seis de la tarde.Generalmente el musical termina cuando llego al trabajo, a mi casa, o cuando me toca coger un taxi porque hace mucho frío. Esto me baja de inmediato a la realidad y dejo de pensar, para actuar y ser absolutamente proactiva en todos los sentidos, como nos dicta "el libreto" o "el sistema".

Pero hoy, citando a María Clara Villegas, me "bajo del libreto" y exijo buscar el tiempo para ser la misma niña que a los 17 años se enloquecía con la clase de filosofía, que quería escribir libros, que pasaba el recreo en la biblioteca o preguntándole cosas al psicólogo; que nunca imaginó que su vida también estaría libretiada y monitoreada por el resto de habitantes de este mundo.

Aquí y ahora, descubro mil páginas en blanco en mi propio libreto. Y sólo yo las puedo llenar.