miércoles, 28 de julio de 2010

Un año más tarde

Hoy, miércoles 28 de julio de 2010, casi un año más tarde, retomo este blog. Este es el tercero comenzado y olvidado desde el 2006 que empecé con esto cuando estaba en la Universidad. Este tiene pocos posts, muy malos, producto de un trabajo repetitivo y algunas veces aburrido, y de vivir en una ciudad donde no pasaba nada.

Ahora llevo casi siete meses en esta ciudad, mil veces más masificada, enrevezada, acelerada. La amo y la odio. La dejo y me devuelvo. Robando un pedazo de una frase a Gabo, somos un mal matrimonio, porque ahora no puedo vivir con ella, ni sin ella. A pesar del caos, del tráfico, de la lluvia insesante, hay días que los cerros se despejan y salen rayos de sol que iluminan las copas de los árboles. Ahí es cuando yo caigo rendida a sus pies y me enamoro de nuevo; me pierdo caminando entre las calles de Chapinero, entrando a todos los diminutos cafecitos que encuentro, a las tiendas que venden ropa vintage y libros viejos e inventando una historia para cada persona que pasa o se cruza conmigo.
Reconozco que cuando camino, hablo sola, canto y hasta a veces creo que estoy en un musical de Broadway y que en cualquier momento algo inesperado va a pasar. Son las consecuencias de escuchar a Louis Armstrong o a Frank Sinatra una tarde capitalina, pintada con la luz de las seis de la tarde.Generalmente el musical termina cuando llego al trabajo, a mi casa, o cuando me toca coger un taxi porque hace mucho frío. Esto me baja de inmediato a la realidad y dejo de pensar, para actuar y ser absolutamente proactiva en todos los sentidos, como nos dicta "el libreto" o "el sistema".

Pero hoy, citando a María Clara Villegas, me "bajo del libreto" y exijo buscar el tiempo para ser la misma niña que a los 17 años se enloquecía con la clase de filosofía, que quería escribir libros, que pasaba el recreo en la biblioteca o preguntándole cosas al psicólogo; que nunca imaginó que su vida también estaría libretiada y monitoreada por el resto de habitantes de este mundo.

Aquí y ahora, descubro mil páginas en blanco en mi propio libreto. Y sólo yo las puedo llenar.

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