domingo, 3 de mayo de 2009

Anacrónica, ¿yo?

Anacrónica: Improcedente, equivocada, incongruente, extemporánea, impropia, desplazada, mal situada, anticuada, obsoleta, desusada. Tal vez no es la palabra que mejor me describa (porque lo más probable es que no exista una que lo incluya todo), pero sin duda muchas veces, como todos, me he sentido incomprendida y hasta llegada de otro planeta.

Desde los nueve años supe que llevaba una gran mariposa adentro y que pronto tendría que averiguar qué iba a hacer con ella. Algunos de mis amigos pintan y dibujan, otros tocan un instrumento (qué hubiera dado yo por haber sido saxofonista), otros cantan, unos pocos son deportistas consagrados, otros cocinan como los dioses, algunos se apasionan con la economía o la política, mis colegas con el cine y lo audiovisual, y mi papá, que es mi gurú, con lo espiritual. Y así, todos poco a poco vamos resolviendo qué hacer con el gran animal que tenemos en el estómago, un bicho que en mi caso es una mariposa insoportable que revolotea todo el tiempo y por momentos se apodera de mí.

Por eso no puedo dejar de escribir así nadie me vaya a leer, porque sino la mariposa va a acumular sus grandes aleteadas, hasta dominarme. Me veo entonces con la necesidad de escribir, de plasmar en palabras cómo veo el mundo a mí alrededor y cómo sobrevivo en un planeta donde las posibilidades son más grandes que mis ganas de vivir.

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